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dijous, 28 de febrer del 2013

EL TESTIMONI DE MAGDALENA MOYA CALVO


“En el año 1951, a mis 24 años, llegué a Cataluña junto con mi hermana y mi sobrino. Mi prima estaba en Terrassa y nos contaba que aquí se ganaba bien la vida. En mi pueblo, Alhama de Granada, hubo mucha discriminación hacia nosotros, los rojos, y no te quedaba más remedio que ir a servir a los señoricos, que te humillaban y te pagaban una miseria. Estuve en una casa de acogida en Murcia y luego en un colegio de niños refugiados. Cuando volvimos, nos habían saqueado la casa y no teníamos nada. Mi hermana y yo nos pusimos a servir por tres duros al mes y la comida, que era de las sobras y de lo peor. Teníamos las manos picadas de sangre de tanto trabajar.

He vuelto más veces a mi pueblo, pero no lo echo de menos. Un año que volví, vi a una señorita de aquellas que nos hacía pasar las de Caín que iba sucia y me dijeron que iba a comer a un comedor de beneficencia. ¡Lo habían malgastado todo!

A mí me gustó venir aquí porque la gente era de otra manera, no te escondían las cosas, no te vigilaban cuando ibas a la despensa, no te controlaban el jabón… como hacían en mi pueblo. Estoy muy contenta de haber venido y mi madre también lo estaba y decía: “Bendita Cataluña, que me ha dado de comer”, porque nos veía a todos aquí colocados y muy bien. Si nos hubiéramos quedado allí, habríamos estado muy mal. La gente de Gavà ha sido amable, acogedora, muy buena gente. Y yo he estado encantada de la vida”.

Magdalena Moya,
Del llibre « Trajectes, la veu de les dones immigrants », 2008